MAIL ART

MOSTRA DE TRAMESA POSTAL - ALT PENEDES -1995


Montse Juvé

Al tratarse de grandes distancia, hoy se prefiere que la palabra escrita viaje con la inmediatez de la oralidad, a través del cable telefónico o fotosensible. Nos queda lejos el tráfico de mensajes, ideas, situaciones y pensamientos que la palabra escrita  levaba, procuradamente custodiada por un sobre enviado por correo.

Hoy todo lo que llega por correo está lleno de una verbalidad persuasiva y sin ideología, que se manifiesta materialmente en las cartas de los bancos, las ofertas del supermercado, las citaciones, los avisos de hacienda y como mucho, alguna invitación para asistir a conferencias y exposiciones. Eso es, al menos, lo que me pasa a mí, y cuando abro el buzón sé que no hay lugar ni para la sorpresa ni para el misterio.
Recuerdo un cuento:
"El almacén del virrey estaba lleno de melones. Para dar razón de su famosa generosidad, el virrey quiso obsequiar  a un amigo suyo con ocho espléndidos melones. Llamó a dos de sus esclavos y le hizo entrega de un sobre y las concubitáceas, para que las llevasen al otro lado de la selva. Antes de partir, les advirtió que la carta tenía el poder de la visión y, por tanto, podía contar todo lo que concernía a los melones. Pasados quince días de viaje, los dos esclavos se sintieron tentados de probar la exquisitez de los frutos, pero se acobardaron a causa de la  carta. Al día siguiente no pudieron resistir la tentación de llevarse a la boca uno de aquellos espléndidos melones y, para saborear la carne con tranquilidad, colgaron la carta debajo de un montón de piedras. Y volvieron a repetir la operación al día siguiente. Al llegar a su destino entregaron el sobre y los seis melones al amigo del virrey, que les dedicó palabras de gratitud. Pero justo antes de partir, interrogó a los dos esclavos sobre los dos melones que faltaban. Llenos de miedo salieron a todo correr. Sólo cuando estuvieron más sosegados y a muchas millas de allí, comentaron con perplejidad el misterio de aquella carta que había podido ver a través de la opacidad de las piedras."

Sea como sea, carta, paquete o tarjeta, todos los objetos enviados por via postal tienen este extraño poder de videncia y, a su vez, el de hacernos partícipes de un mundo que no está al alcance de nuestra experiencia inmediata. Tal vez sea este  el talante fundamental del que en el argot artístico se llama "mail-art". Una forma de expresión plástica que escapa de los circuitos tradicionales del arte, pero que de manera paradójica se mueve en el medio ancestral de la palabra escrita, dirigida a un interlocutor prefijado. Y es en esta especial combinación de emisores, receptores, canales y mensajes que el arte se puede convertir en idea, y la idea en arte. Conceptual, efímero, marginal, no comercializable ni museizable, comunicador de identidades e  inquietudes, provocador, espontáneo....todo esto es el mail art"

Y así es que, si algo  sobresale de esta convocatoria de "mail art" organizada por el colectivo D.O., es que, más allá de una barrera de piedras, gente de aquí y de países lejanos han podido ver y participar de lo que está pasando con las aguas residuales de la cuenca del Riudebitlles.